Fátima y la Casa Leitão

preciosa

Corona de oro y piedras preciosas. Leitão & Irmão, 1942.

Entre los meses de mayo y octubre de 1917, tres pastorcillos, Lucía, Francisco y Jacinta, vieron «una señora más brillante que el Sol». A partir de ese año, impulsado por la fe católica, el mensaje de Fátima se difundió por todo el mundo. La imagen de la Virgen Peregrina de Fátima ha recorrido los cinco continentes.

En 1941, un grupo de portugueses inició un movimiento que culminó con una colecta nacional para confeccionar una corona de reina para la Virgen de Fátima. Se pedían joyas, no dinero, con el fin de poder realizar la corona directamente con las donaciones particulares.

La Casa Leitão recibió las miles de piezas entregadas por otras tantas personas y, en 1942, fabricó gratuitamente con ese oro, esa plata y esas piedras preciosas la corona de la Virgen, la obra de joyería portuguesa más importante del s. XX y, al mismo tiempo, la más conocida en el mundo.

Doce joyeros/orfebres trabajaron en la corona durante tres meses. Se engastaron 2992 piedras preciosas, siguiendo el diseño creado por la Casa Leitão, en el que destacan las ocho bandas de oro que, según la heráldica, corresponden a una corona de reina.

Fue coronada oficialmente el 13 de mayo de 1946, en Fátima, por el legado pontificio.

El 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II sufrió un atentado en la plaza de San Pedro del Vaticano y atribuyó a la Virgen de Fátima el motivo de su salvación. En 1984, el papa entregó al obispo de Leiria la bala que lo alcanzó en reconocimiento. Curiosamente, en la confección original de la corona, en 1942, en el lugar donde se unen las ocho bandas de reina, existía un vacío, adecuado para el calibre de la bala y donde esta se colocó en 1989.

 

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